no le saca la vuelta a la ley

La primera anunciación

Videopoema de Cecilia Podestá, producido por Diego Frías

Publicado: 2015-05-05


(Extracto)

Yo quiero que ese niño nazca muerto, María,

Poco me importa ser el padre de un salvador

O el santo que acompañe tu vientre

Tocado por las manos ásperas

De un dios egoísta.


Él

Pondrá sobre tu hijo una corona de espinas

Y lo llevará hacia la cruz de los traidores

Lo llamarán:

El Rey de los judíos

Pero antes será arrastrado por su Jerusalén

Y envidiado por Juan, el hijo de tu prima Isabel,

A ser llamado El Bautista

Que tampoco nace aun en esta tierra

Y tiene ya un destino miserable.


El Tuyo se llamará Jesús

Y le pedirá a un hombre que lo lleve a la gloria

Rogará a un tal Judas que lo entregue a los fariseos.

Él venderá su deshonra

Por un lugar en la mesa de los apóstoles

Para la eternidad.

Y en la hora de su muerte


Tu hijo

Partirá hacia los brazos de su padre con dos ladrones,

Tendrá sed

Y morirá diciendo

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.


María,

¿Quién te perdonará a Ti en la vejez?

¿Quién te dará otro hijo sin una

Muerte o dolor

Que se anuncie en la boca de un ángel perverso?

¿Quién te dará otro hijo que no sea arrebatado

Para el perdón de nuestros sabios pecados?

Por eso, joven esposa, yo quiero que ese niño nazca muerto.


Gabriel

Me ha dicho ayer en el taller

Que nunca serás mi mujer.

Gabriel te visitará mañana y no podrás ver su

Cola de Rata

O su perfil oscuro.

Te hará caer en la tentación de su dios en el exilio

Y serás la madre del que lleve a su pueblo

A vivir en la culpa de haberlo matado.

Tú los arrastrarás

A vivir escondidos en el temor de desobedecer

A un falso dios,

Que ríe sabiendo ya, que engañó a los hombres

Y les quitó el fuego.

Serás tentada, María,

Ascenderás a los cielos a descubrir una mentira

Y te arrepentirás de nunca haber sido mi mujer

De no haber aceptado hermosos vestidos

Ni bebido de mi saliva

Convertida en vino para tu garganta seca.

Serás tentada y yo te seguiré,

Pero escucha bien lo que te digo, niña de Nazareth,

Poco me importa ser el padre del que asuman todos será su

Salvador.


Poco me importa callar cualquier verdad o mentira,

O saber que los hombres serán engañados

Y adorarán a un demonio con piel de cordero.


Yo

Te seguiré en la tentación

Y cuando no mires

Tallaré un dios,

Un verdadero dios de madera para los idólatras.

Pensaré en el becerro de oro

Y reiré cuando los hombres adoren a tu hijo.

Y cuando no mires,

Cuando no pongas tus ojos sobre mí

Me tocaré,

Soñando con dormir alguna vez sobre tus piernas

Y, así no lo quiera

Seré convertido en el santo que acompañe

y adore tu vientre.


Escribirán sobre nosotros

Y estas palabras serán olvidadas mañana

Cuando Gabriel te hable

Y no puedas ver su cola deslizándose con belleza

Libremente por su lomo.

Caerás en la tentación

Y serás la madre de Jesús,

Yo, su padre.

Porque si nace llorando entre becerros y no muerto

Si nace en un establo y esperando reyes

Lo miraré a los ojos

Y lo llamare: hijo mío

Le diré lo que tú quieras que él crea

Le haré saber que es el hombre entre los hombres

El hijo de Dios

Le señalaré el camino hacia Judas

Y él,

Hacia la cruz

Pero cuando ocurra la ascensión

Después de treinta días de haber resucitado

Y se sepa una mentira,

También se arrepentirá de no haber besado

A María Magdalena

Entonces verá a su verdadero padre y lo llamará traidor,

Deseará para Él y su risa

La cruz en la que padeció por su nombre.

Te verá a Ti con rabia animal en los ojos

Y te odiará por haber caído en la tentación

De Gabriel

Por no haber visto su cola

O su codicia ante una virgen.

Te reclamará

Madre, ¿qué destino desgraciado aceptaste para mí,

Qué maldición lanzaste sobre esos doce hombres de

Judea

Quienes creyeron que yo tenía una palabra para

Predicar?

Díme, ¿en qué maldición convertiste a Judas Iscariote

Que me vendió

Para que pudiera ser yo rey

Y seas Tú

La madre de los hombres?

Te llamará María

Y te preguntará por tu mala semilla.

No habrá suicidio que te quite la culpa

O cuerpo de Cristo,

Que en babilónicas construcciones,

Te expíe del pecado.

Pero yo, María,

Te amaré entre todas las mujeres

Entre todas las niñas vejadas o sagradas

Y tallaré en ésta -mi vejez-

Una virgen

Para tocar su piel de madera

Besar su boca de astillas

O bailar canciones paganas con su cuerpo rígido.

Entonces odiaré a tu único hijo

Será mi envidia un dardo sobre él

Por haber tocado con su carne tu piel interior

Y haber empezado su reino en tu vientre

Obteniendo tus lágrimas y la de otras mujeres.

Lo odiaré por haber llevado su boca

A tu pezón de niña

Para calmar el hambre y la sed.

Y me preguntaré

¿Cuándo lloraste por mí, esposa?

¿Cuándo apoye mi vejez sobre tus senos?

¿Cuándo toqué la piel de tus intestinos?

Pero será tarde cuando sentada en el infierno

Como una reina virgen e infeliz

Te arrepientas de no haber respirado sobre mi boca

De no haberle dado a mis manos ásperas, pero pacientes,

Tu cuello largo

Tu seno redondo

Tus piernas

Tus pies como racimos.

Será tarde cuando llores la sangre de tu hijo

Por haber negado tus manos

Tu ano

Y tu boca

A mi sexo dulce.


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Dinosaurios de latón

Prensa cultural