defiende el enfoque de género

Desear es padecer

La poeta Violeta Barrientos Silva presenta El innombrable cuerpo del deseo, que se reedita después de veinte años.

Publicado: 2013-09-25


Se puede formar una materia, irresuelta como una mancha de grasa contra la pared, contradictoria, cuyo cuerpo apoyado, cuya carne reclamen otro cuerpo, piel y el ejercicio del dolor, del placer, de los suelos absolutos y cielos como un grito. Se puede formar un cuerpo que se reconozca como deseo. Todo entregado al tacto y a sus extensiones que se convierten en palabras una sobre otra, tanto como un sexo sobre otro, violentos, en comunión, bajo el ardor de su entrega ensayando el amor como una vieja laceración. 

Tu melena se agita extendiendo sus tentáculos, múltiples brazos, cabezas/ de serpiente hurgando en mis orificios. 

Pero después la misma cabeza cuyos cabellos se apoyan sobre la mujer, sobre la cima de su sexo, no son otra cosa que una medusa que convierte en piedra al yo poético en La cabeza de Medusa, poema de EL INNOMBRABLE CUERPO DEL DESEO, de la poeta Violeta Barrientos Silva. El poemario fue publicado en 1992 y se reedita más de veinte años después por Intermezo Tropical.     

"El libro inaugura una especificidad en la literatura peruana, la del homoerotismo femenino, nunca antes expresada en la poesía o en la narrativa. Sin embargo no se trataba de un canto al amor, sino más bien a su ausencia", escribe Violeta Barrientos a manera de introducción a su libro. De pronto sus versos tocan el cuerpo, regresan sobre él, para expresar el deseo, la partida y los encuentros esperados. Así se divide el libro y así nos recorre.

Un miembro amputado es signo de ausencia, de no pertenencia. Las partes no encajan, no llegan a sentir siquiera el dolor del hambre del otro, de la otra. Así se define la voz del poemario. Queda errar sobre el mismo vientre que muerde la mano de quien extiende una caricia. Es demasiada belleza, por eso hay que retroceder “Soñe permanecer en una flor intensa /en la fragancia carnosa de la orquídea enterrada”. Sí, sueña con el sexo como una flor intensa, así la traduce para poder escribir su tacto sobre ella. Sueña, pero al despertar sigue siendo un miembro amputado, o una mujer amputada cuyas manos ya no tocan el sexo de mujer alguna.

“Lavarás mis pies con tus cabellos y perfumes/delicados y el aceite verterás en tu frente/ sobre mis brazos”. Son palabras de partida, la herencia es la palabra convertida en aceite, en el recuerdo de madrugadas en las que las amantes aliviaron el dolor hablando de él, desnudas y lo hallaron dentro del cuerpo de la otra. Y sobre ella fue más fuerte el deseo de ser una misma cabeza, los mismos brazos, el mismo aroma entre las piernas. Uno de los versos más intensos del libro dice “El amor ha quedado latiendo en cada punto de arena” eso nos deja frente a dos escenarios, el mar, paisaje al que el yo poético regresa constantemente y los restos insepultos de las amantes, latiendo con ardor, con dolor y memoria ante la belleza, no extinta sino ausente.

Publicar esto hace veinte años fue como crear una burbuja sensual, comenta Violeta. -Y ahora? Las cosas no han cambiado mucho. Seguimos en una burbuja. Desear es padecer, intento una reflexión filosófica del deseo. El amor imposible es el deseo continuo. Ante esto, el ser humano inventa la transgresión para ubicar el deseo.


Escrito por


Publicado en

Dinosaurios de latón

Prensa cultural