defiende el enfoque de género

Con los ojos abiertos sobre la cal

El poeta Roger Santiváñez reedita El chico que se declaraba con la mirada, 25 años después.

Publicado: 2013-09-10



PUBLICADO: 2013-08-12

Piura, la soledad de las bolicheras a las seis de la mañana, la música, bellas adolecentes y doradas prostitutas son gritos dentro de una caja psicodélica, que bien podría ser la metáfora exacta de una cabeza desenfocada, atacada por la resaca y que se va dando golpes contra la pared mientras escribe, se lamenta, vive, rabia y ama. Este yo poético narra El chico que se declaraba con la mirada, tercer poemario de Roger Santiváñez publicado en 1988 y reeditado por el gobierno regional de Cajamarca (Lima 2013).

En él, la niñez y juventud se escriben con tristeza, con desilusión, también de manera lúdica, pero sobre todo con mucha rabia y la certeza de que la noche viene y con ella el lenguaje, es decir la manera de vengarse de todo y de todos. "No escribo por placer sino por venganza, por liquidar esta noche” (Cito verso).

La boca ancha, negra y con dientes del color de la angustia que se pudre en un estómago mutilado por el miedo, es a la que habría que liquidar, sin embargo el poemario guarda esta intención y luce el lenguaje sucio, cruel y desgarbado, convirtiendo a un chiquillo asustado y vehemente (la voz del poemario) en un cadáver exquisito de sus propias palabras que lo cortan y vuelven a armar para escucharse desaforadas, primitivas y brillantes en medio de una bruma perversa. Las palabras lo devoran, lo tienden y lo usan. Él hace lo mismo con ellas. Es a todas luces un trato.

“Mi padre no debió morirse nunca. Los cielos ahora me contemplan como un paria/recordando estas angustias. Lo sobrio que hay en mi” dicen lo versos del poema 8. La muerte del padre rige el poemario y arrastra a su voz como a un “muchacho varado por la marea de una adolescencia sin nadie” (cito).

Dentro de escenas tan desgarradas, el silencio es fuego como dice otro de los versos, por lo mismo debe quemar antes de salir, antes de golpear la pared con la cabeza, antes de escribirse violentamente, de las más tristes maneras, buscando donde caer, bien o mal, sobre palabras o actos.

Las puertas están abiertas entonces, las prostitutas, la música de la calle que contiene la bulla de los fruteros en sus micrófonos baratos recorriendo el balneario, las chicas y sus piernas blandas cerebro obtuso, el futbol, el amor, el deseo, la noche y la arrechura. La puerta abrió y no cerró más. Lo que vendría sería la agonía dentro de todo lo nombrado, incluso el dolor, tantas veces transfigurado. “El cura Fernández gustaba tomar el pene de los niños entre sus manos y sentirlo como algo que era suyo y sin embargo su temblor era excitante”

"¿Para qué/ Para Ké sssssscccrrriiibbbiiirrrrr (…) Criatura. Dulce Caridad. El sonido de los autos . Oh Dios. Odiós."

Para caer sobre Piura, sobre Lima, sus bombazos, las luces sobre la cara del más putañero, sobre una canción de los Yorks en la esquina de Sana Inés, o Quilca, veinticinco años después y apuntar con los ojos, a esas paredes, ala cal que imaginamos, la misma que miraba ese chico que rehuía pero volvía y se declaraba con los ojos estrellados, alucinados, sin cabeza, como un par de parias sin cuerpo.

Testimonio de Roger Santivañez

“Lo escribí poco después de la muerte de mi padre en diciembre de 1983 y fue construido durante los meses del verano de 1984, regresando a escenas de mi infancia y juventud”

Roger Santiváñez recuerda las mesas de montaje de la calle Talara en Jesús María “Tuvimos el primer ejemplar impreso –hacia Julio de 1988- lo celebramos con una fiesta a todo dar en la misma casa de Talara. Cuando apareció el libro, no hubo ninguna presentación formal. José A. Mazzotti escribió una extensa página en el Domingo de La República (antes de partir para radicarse en los Estados Unidos) y Carlos Lopez Degregori otra en la página cultural de El Comercio. Eso fue todo y sin embargo el librito se agotó en pocos meses. Eso fue lo más satisfactorio: que para la Navidad de 1988 yo pude –literalmente- vivir de mis regalías por espacio de un mes. Recuperar este libro para los jóvenes lectores del 2013 es una muy grata experiencia".

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Dinosaurios de latón

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