no le saca la vuelta a la ley

Las sombras rabiosas de las imágenes de guerra

Esta semana en la galería de La Mula, el reconocido fotoperiodista Óscar Medrano. Las imágenes pertenecen al archivo de la revista Caretas.

Publicado: 2013-09-05


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Señorita, ¿Ud. es prostituta? No, le dije a la mujer de uniforme militar. Y seguí tomando notas, preguntando. Estábamos en un campo abierto. Solo los tres. El fotógrafo, la mujer y yo. Medrano habla de una matanza, con paciencia, usando descripciones precisas, da un testimonio. Señorita, dígame, es Ud. prostituta, vuelve a preguntar la mujer, menos paciente. No. Muevo la cabeza. Entonces ella dice que debe presentarme a Cristo, a los soldados y pronto, para que el dolor que puedan causar estos hombres sobre mí, sobre mis piernas, salve mi alma y a ella de seguir siendo la única dentro del uniforme militar que le queda grande. Cuando la vi mejor, con menos sombra sobre la cara, me di cuenta de sus golpes, de sus ojos reacios y su resignación. Esperaba dejarme dentro del uniforme militar e irse, como un Caronte en medio de piedras, tierra, pasto seco y viento. Además de todo eso era mi madre y Medrano nos tomaba fotos, ya como dos cadáveres que podían verlo y saltar a él sin embargo, como los insectos que llevábamos en la boca.

- ¿Soñaste eso?

- Sí

Medrano espera a que le haga preguntas. Ya me envió sus fotografías, muchas de ellas tomadas en Ayacucho. “Has debido soñar eso por las fotos que te mandé... por lo que estuvimos hablando” Asiento con la cabeza.


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¿Tú crees que has sobrevivido a tus propias fotografías?  "“No necesariamente. Siempre fue mi trabajo. Pero he pedido perdón, a mis hijos, por haberlos dejado tantas veces para tomar esas mismas fotos. Cuando tenía que salir le decía a mi mujer que iba a cualquier otro sitio menos a las zonas de conflicto. Ya después se enteraba. Sobrevivir no… he llegado a comprender que he denunciado lo peor. Lo que vi no tenía nada que ver con la justicia, no era siquiera delincuencial. Era otra cosa. Sentía que todo eso no era sacado ni de la ficción. Pero me indignaba y eso me daba más fuerza para poder ir, llegar, viajar y denunciar” comenta Oscar Medrano sobre su trabajo.

El cubrió desde el 80 hasta el 2000 el conflicto armado interno, revelando lo que pasaba en Ayacucho, en el Huallaga, en los rincones más ásperos de nuestro país, denunciando tanto al Ejército como a los terroristas a través de imágenes dolorosas. Su retrato de Fortunato Cabana, sobreviviente de Lucanamarca, se convirtió en la fotografía emblemática de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Más de una de sus imágenes tuvo la fuerza de empujarnos hacia algún lugar que ya no podemos tocar. Más de una volvió a tener el ruido con el que fueron tomadas. “Tuve mucha suerte, era ayacuchano, era quechuahablante. Podía hablar con los pobladores. Ellos me señalaban, me decían cosas...” Le iban narrando su propia imagen, vivos o muertos, otros, con miedo o desde el otro lado, con la pretensión de la impunidad, vigilando futuros cadáveres, usándolos.

Lo que los ojos de Medrano vieron, lo vimos también. Él salió de Ayacucho hacia Lima a los dieciseis años como otro migrante y se formó en los laboratorios de revelado del diario El Comercio siendo asistente del maestro Carlos “Chino” Domínguez, pasando por otros medios hasta llegar a Caretas, revista en la que trabaja hace más de treinta años.

Al regresar a su propia ciudad –Ayacucho- en los ochenta, ya como fotógrafo, no solo vio como empezaba una guerra sino como ésta trepaba a la cara de cada una de las personas que estaban en medio, perdiéndolo todo, llorando sus muertos en plazas, calles y carreteras, juntando las manos y frente a su cámara.


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Un testigo declara a la comisión de la verdad “Ví a un hombre vestido de blue-jeans y camiseta blanca disparar contra Hugo Bustíos. Usaba un arma corta automática que no hacía mucho ruido. El individuo que disparaba tenía piel blanca, cabello crespo y bigote. Sé que es uno de los oficiales del Ejército de la Base de Castropampa, también conocido con el sobrenombre de "Ojos de Gato." Luego de disparar contra Bustíos vi el mismo hombre arrojar una granada sobre su cuerpo...”

“A ojo de gato lo condenaron. El mató a Bustíos, corresponsal de Caretas. El había dicho que no, que él estaba en otro sitio ese día, no en Huanta. Pero yo le tomé la foto y ahí sale. Zas. Condenado”

Sí, en una de las fotos más impactantes de Medrano, un hombre se planta con fuerza, amenazante. Es Dios. Lo lleva en la cintura. Dios tiene gatillo y se puede jalar de él. Observa a quien lo mira, parece increpar. Una mujer cubre al fotógrafo sin saberlo. La cámara sigue oculta. Es Amador Vidal Sanbento condenado por el asesinato del periodista Hugo Bustíos en 1988, en Huanta, Ayacucho. No advierte que posa para la fotografía que lo enviará a la cárcel y que la sombra de su imponente figura se escribirá a sí misma con desprecio. Vigila junto a Víctor La Vera, otro oficial cómplice, cómo se llevan a Eduardo Rojas a Lima, quien acompañaba a Bustíos, sobrevivió al ataque y declaró como testigo.

Amador Vidal Sanbento parece un hombre gigante y su sombra un animal retorciéndose en el piso, botando por la boca nisiquiera baba, sino su misma lengua negra haciéndose sombra nuevamente sobre el piso, alrededor de sus botas. Lo alcanzará, trepará por sus piernas y lo hará caer sobre una celda.

Víctor Fernando La Vera Hernández y el Teniente Coronel EP Amador Armando Vidal Sambento fueron condenados a 17 y 15 años de pena privativa de libertad por el asesinato del periodista Hugo Bustíos Saavedra y la tentativa de asesinato de su colega Eduardo Rojas Arce.

“Nuestra fuerza armada no estaba para eso. Los militares no estaban para eso. Abusaron "”


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Están envueltos es sus propias frazadas sobre mesas improvisadas y bajo esteras que los cubren de que el sol empiece el proceso de secarlos y tratarlos sin ceremonia. Todos están muertos. Los observan una mujer, niños que se acomodan detrás de las mismas mesas, el fotógrafo, nosotros.

“Habían matado a tanta gente, que tuvieron que llevar los cadáveres a la plaza. Intenté tomar la foto sin traer a la revista imágenes macabras, por eso enfoqué sus pies que sobresalían entre las mantas” comenta Medrano sobre otra de las imágenes enviadas.

Es la matanza de Mazamari. 18 de agosto de 1993. Perpetrada por Sendero Luminoso. 72 pobladores muertos a machetazos, apuñalados. Las mujeres fueron violadas mientras a sus maridos les volaban las vísceras con dinamita. No solo los cubren las frazadas sino también periódicos y a estos, piedras que evitan que se vuelen y dejen a la vista quizá un par de ojos abiertos, pero muertos. El hombre al centro de todos los cuerpos no mira a Medrano, no directamente. Quiza solo se proteja de no revelar que sus ojos empiezan a estar muertos también entre tantos cadáveres.


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-No creo que haya muerto en ese momento (comenta Medrano mientras hablamos  de una de las fotografías)

-No sé si llegue a incluirla, es muy fuerte

-Fue portada de Caretas, creo que en el 94


Sí. 21 de abril de 1994. “Viajamos a la selva. Nos llevaron unos pobladores dentro del monte. Habían matado como a cinco o seis personas y lo que más me... fue esa chica o lo que le pasó a esa chica. Realmente me perturbó”.

Un esqueleto reciente, huesos sin enterrar siquiera. Casi sin piel. Lo poco que quedaba se había vuelto rosada, negra, morada y más hacia los talones, roja, como si una luz se hubiera mantenido dentro del cuerpo de la mujer. Los trapos que eran su ropa apenas cubren la parte superior de su cuerpo. La parte inferior esta totalmente descubierta.

Su cráneo es coronado por la sombra de quien se para al lado y levanta los jirones de ropa. Otro hombre se lleva la mano a la cara y se cubre de seguir viendo. La mujer que está al lado de ellos mira fijamente el esqueleto, perpleja, aceptándolo como a otra desgracia más.

Los tres pobladores son fotografiados por Medrano junto al esqueleto de la mujer cuyos huesos de las piernas se encuentran total y completamente extendidos dejando a la vista la cavidad vaginal. Toda lo que quedó de ella son solamente huesos. "No, no creo que haya muerto en ese momento", repite Medrano. "La ataron de las piernas dejándolas lo más extendidas posibles...todo el cuartel pasó por ella. Y la dejaron ahí, posiblemente agonizando. Los animales en la noche le sacaron hasta el último pedazo de carme. Debieron ser animales pequeños que la fueron carcomiendo poco a poco. Eso... nos indignó”

La foto pertenece a Batalla en el Huallaga, reportaje de Cecilia Valenzuela. La periodista revela que la mujer es solo una muchacha de 17 años, muerta en las acciones "contra subversivas" del Ejército.

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Nota:

Oscar Medrano Pérez expuso muchas de estas fotos en Nunca más, muestra que se realizó en Whashington DC en el 2012 en homenaje a sus cincuenta años como fotoperiodista.

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Dinosaurios de latón

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